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Zoofilia en clase, amigos okupas y feministas feas

Recorrido por las polémicas, estrategias y salidas de tono de una campaña planteada por los partidos como una segunda vuelta de las generales

El Míster. Los líderes de los principales partidos han planteado las elecciones europeas, autonómicas y municipales como una “segunda vuelta” de las generales, lo que ha hecho que en los últimos 15 días proliferaran los símiles deportivos. Pablo Casado, el más interesado en presentar el 26-M como la revancha del 28-A —cuando el PP bajó de 137 a 66 diputados—, acudió a los mítines por España con el espíritu del “entrenador que baja al vestuario” después de una derrota, e insistiendo en que no era momento de señalar culpables, sino de creer en “la remontada”. “Somos como el Liverpool”, llegó a decir, tras la victoria del equipo inglés que expulsó al Barça de la Champions.

Pedro Sánchez, subido a la ola de la victoria del 28 de abril, acudió a plazas llenas —el poder y la capacidad de repartirlo es el mejor pegamento político— y mantuvo el mismo esquema de juego que en el partido de ida, animando a los suyos a frenar a las tres derechas —lo que resumió en un “no dejar la faena a medias”— y añadiendo, como única novedad táctica, “no os confiéis, las urnas hoy están vacías”. Albert Rivera decidió seguir con la fórmula que tan bien le funcionó el pasado abril, cuando quedó a apenas 200.000 votos de distancia del PP, esto es, negarle a uno de sus antiguos aliados, el PSOE, el pan y la sal. Tanto el líder de Ciudadanos como el del PP han pedido el voto en las autonómicas y municipales con el propósito de ser “el contrapeso” de Sánchez en La Moncloa. Un ejemplo: Rivera e Isabel Díaz Ayuso, candidata popular a la Comunidad de Madrid, han prometido compensar con bajadas en los tramos autonómicos el “hachazo fiscal” que atribuyen a los socialistas. Por su parte, Pablo Iglesias bajó de los cielos por asaltar a la tierra para pedir en sus mítines votos con los que presionar al PSOE. Ya no sueña con “la Luna”, es decir, con el sorpasso, y aquí y allá repitió que ya saben que no van a gobernar, pero que cuantos más votos consiga su partido mayor será su capacidad para influir en el Gobierno. Finalmente, el líder de Vox, Santiago Abascal, se abonó al victimismo y allá donde fue repitió que los medios atacaban a su partido y asustaban a sus votantes, esa amalgama que define como “la España que madruga”.

La reina de la polémica. Rocío Monasterio —o como la definió Santiago Abascal, “puño de hierro en guante de seda”— ha ganado el ranking de polémicas de la campaña tras una ajustadísima carrera con sus rivales. La candidata de Vox a la presidencia de la Comunidad de Madrid dedicó varios días a denunciar que en los colegios madrileños se incitaba a “niños de ocho años” a probar “nuevas prácticas sexuales” y que se les hablaba “de zoofilia”.

“No puede ser que los niños no sepan quién era Adolfo Suárez y sean especialistas en fetichismo con los pies”, dijo, muy seria, en Onda Cero. El resto del partido insistió en la misma línea. La polémica tuvo hasta su desmentido, acaso más delirante aún: “Es falso que en los colegios de Madrid se fomente la zoofilia”, zanjó Isabel Díaz Ayuso.

Monasterio, que se define como “arquitecto y empresaria” (sic), además de “constructora de ideas y realidades”, nació en Cuba hace 45 años y está casada con el también dirigente de Vox Iván Espinosa de los Monteros, portavoz del partido en el Congreso. En 2016, cuando ella era solo una militante de base, y Vox un partido sin representación parlamentaria, irrumpió en un desayuno informativo de Carles Puigdemont en Madrid al grito de “sin ley no hay democracia” para entregar al expresidente de la Generalitat unas esposas y un ejemplar del Código Penal.

Abascal recordó emocionado ese episodio en el cierre de campaña. Para el líder de Vox, la principal virtud de Monasterio es su atrevimiento a la hora de “pisar todos los charcos”, su “capacidad de escándalo” y su desafío permanente a lo que llama “la dictadura de la corrección política”.

Isabel Díaz Ayuso. Se esforzó mucho, pero Monasterio le arrebató el trono de las polémicas de trending topic. La candidata del PP a la Presidencia de Madrid, apuesta personal de Casado, aseguró, entre otras cosas, que en Madrid, si te vas de vacaciones, corres el riesgo de que el Ayuntamiento entregue tu casa a unos “amigos okupas”; y que se empezaba por impedir abrir las tiendas los domingos y se acababa “como en Caracas los jueves”.

Dijo que a ella “el tipo de mujer” que le gusta es la que una semana después de haber dado a luz ya está “emprendiendo por el mundo” y no el tipo (de mujer) “de la izquierda, que tiene que victimizar y colectivizar los sentimientos”. Quedó cerca, pero ganó la zoofilia.

Jorge Buxadé. El cabeza de lista de Vox a las elecciones al Parlamento Europeo no es nuevo en política. En 1995 se presentó a las elecciones europeas por Falange Española de las JONS y en las generales de 1996 fue candidato de Falange Auténtica por Barcelona, donde nació hace 44 años. Cuando este diario publicó esos vínculos, Vox atribuyó la información al “activismo comunista” de este diario y vetó al periodista que la había escrito. No obstante, unos días más tarde, en una entrevista a El Mundo, el propio Buxadé afirmó que no se arrepentía de haber estado en Falange, algo que sí le ocurría con el PP, partido en el que militó entre 2004 y 2014.

El cabeza de lista al Parlamento Europeo por la formación de ultraderecha arañó minutos de televisión, prensa y radio con declaraciones de impacto. “A nuestra princesa de la infancia, Cenicienta, la maltrataban su madrastra y sus hermanastras, que son todas esas feministas feas”, dijo, versionando el cuento. En la misma entrevista de El Mundo aclaró después que se refería a “feas del alma”. Algunas feministas se apresuraron a hacer notar que, en cualquier caso, él no es el más apuesto de los príncipes.

Los renegados. El primer día podía parecer el error que iba a costarle el puesto a un jefe de campaña, pero en el segundo y el tercer vídeo ya quedó claro que era intencionado. El mensaje era ese: vótame pese a que soy del PP. Xavier García Albiol, candidato popular a la alcaldía de Badalona, centró su estrategia electoral en renegar de las siglas, que ahora son una marca a la baja. Y no fue el único.

Los que cambiaron de bando. Muchos candidatos no militaban hace unos meses en el partido por el que ahora se presentan. El mayor reclutador de “talento”— dice él—, de “tránsfugas” —dicen los afectados, es Albert Rivera, que ha fichado en el PP (José Ramón Bauzá), en el PSOE (Soraya Rodríguez, Celestino Corbacho) y en UPyD (Maite Pagazaurtundua, Cristiano Brown). En la lista de Madrid, en un poco lustroso puesto 13º, figura hasta un expresidente de la Comunidad, Ángel Garrido, que abandonó el barco popular el mismo día en que el BOE publicaba su nombre en el cuarto puesto de la lista popular al Parlamento Europeo.

El ausente. José María Aznar ha pasado el mes en EE UU, por lo que no ha participado en actos de campaña. En su partido hay quien piensa que mejor así porque el expresidente popular enciende a las tropas tanto como moviliza a los adversarios. El que sí ha acudido a mítines ha sido Mariano Rajoy, que se dejó querer en pasillos de besos y selfies un año después de ser desalojado del poder por la moción de censura.

Los incombustibles. Abel Caballero, de 72 años, mantiene un idilio con las encuestas, que siguen regalándole eso tan vintage de las mayorías absolutas. Alcalde socialista de Vigo desde 2007, en su caso es difícil diferenciar entre campaña y realidad. Caballero se hace las fotos de campaña todo el año. En una línea parecida, Miguel Ángel Revilla, de 76 años, se presenta a un nuevo mandato como presidente cántabro. En los últimos 15 días se ha dedicado a firmar frisbies (discos voladores) sin parar.

Los pacíficos. El lema de Más Madrid, la plataforma de Manuela Carmena e Íñigo Errejón es “vota bonito” y en campaña han prometido “más melenas al viento”, “más cielos azules” y “más gorriones”. Eso sí, Carmena no dejó pasar por alto la acusación de la popular Cayetana Álvarez de Toledo —sus magdalenas son caseras, desmintió, no de supermercado— y la llamó ignorante después de que esta la llamara “senil”. Ángel Gabilondo tampoco quiso entrar en el cuerpo a cuerpo con quien le acusa de “radical”. “En mi familia”, bromeó, “ahora me llaman peligroso Gabilondo”. Lo peor que se le oyó decir de un rival (Ignacio Aguado, de Ciudadanos) fue que tenía “una relación oblicua con la verdad”.

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