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Puigdemont busca trabajo: se le agota el ‘presupuesto’ y necesita dinero urgente

El prófugo Carles Puigdemont, en Bruselas.

Bruselas

Eurodiputados españoles dan por sentado que Puigdemont intentará conseguir un sueldo como asistente parlamentario y convertirse en el Assange del Parlamento europeo. 

¿De qué vive Carles Puigdemont? ¿Quién paga su mansión de Waterloo? ¿Quién financia su tren de vida? ¿Su amigo el empresario Josep Maria Matamala? ¿La Asamblea Nacional Catalana? ¿Su partido JxCAT? ¿La Generalidad? ¿Sus simpatizantes por medio de donaciones? 

La respuesta a estas preguntas podría ser mucho más sencilla de lo que parece. Según fuentes del Parlamento Europeo consultadas por EL ESPAÑOL, al expresidente prófugo se le está acabando el dinero. Según dichas fuentes, toda la estrategia europea de su abogado Gonzalo Boye está orientada no tanto a la internacionalización de la causa separatista, como sostiene Puigdemont en público y de cara a los medios de comunicación catalanes, como al amarre de una fuente de ingresos que le permita sobrevivir en Bruselas de forma autónoma y sin depender de la caridad de otros

«La prioridad de Puigdemont ahora mismo no tiene nada que ver con Cataluña o la independencia» dicen esas fuentes. «Su prioridad es económica porque no tiene ni un duro. Waterloo se le cae a pedazos y tiene serias dificultades para pagar el alquiler. De eso se habla abiertamente en el Parlamento. Sabemos por fuentes fidedignas, por ejemplo, que los mossos d’esquadra que trabajan con él duermen en literas y se pagan ellos mismos los bocadillos«.

De crowdfundings no se vive

En el Parlamento Europeo muchos parecen convencidos de que la batalla jurídica de Puigdemont por la inmunidad que le otorgaría su condición de europarlamentario es sólo un medio para un fin. Y eso porque, según las fuentes consultadas, su objetivo no es tanto blindar jurídicamente su posición como obtener una fuente de ingresos fiable y regular durante los próximos cinco años. Además, la inmunidad no se aplicaría a los delitos cometidos antes de obtener la acreditación como diputado europeo. 

«Los crowdfundings no le han dado los resultados que se esperaba. Pero es que se ha gastado mucho, muchísimo dinero. Sólo en viajes se le ha ido una millonada. Y ahora que Matamala, el empresario que le ayudaba económicamente, ha vuelto a España para ejercer como senador, imagina». Josep Maria Matamala afirma en su declaración de bienes del Senado haber ganado únicamente 14.577 euros durante 2018. Si la cifra es cierta, las cuentas no le salen a Puigdemont de ninguna de las maneras. 

De los crowdfundings del expresidente autonómico se encarga la asociación radicada en Bruselas CATGlobal. En realidad, una estructura jurídica diseñada con la única finalidad de que Puigdemont consiga fondos para poder vivir en Bruselas. Su justificación de cara a la galería, sin embargo, es la de servir como fuente de ingresos para el llamado Consell de la República. Una suerte de gobierno en el exilio, según la terminología separatista.

Puigdemont intentó que la asociación CATGlobal figurara en el registro de lobbies de la UE para poder obtener ayudas europeas a través de ella. Pero el plan se fue a pique cuando la eurodiputada española Beatriz Becerra cuestionó a la Comisión Europea sobre la adecuación de CATGlobal a los requisitos para tener derecho a esas ayudas. La pregunta de Becerra provocó que el vicepresidente de la Comisión Europea, el alemán Günther Oettinger, respondiera de forma tajante que «ninguna acción procedente de la UE o, en consecuencia, de la Comisión, puede, por motivo alguno, socavar o contribuir a socavar el sistema constitucional de un Estado miembro». Y CATGlobal pasó a convertirse en un cascarón vacío.

Cafés vendidos como victorias en Europa

Pero el continuo fracaso de los planes de Puigdemont y de su abogado Boye no impide, sin embargo, que su labor propagandística se detenga. Y prueba de ello es la visita de Carles Puigdemont y Toni Comín el pasado martes al Parlamento Europeo, con la excusa de «mantener reuniones con varios eurodiputados». 

«Sí, el mensaje es que han logrado entrar en el Parlamento» dicen fuentes cercanas a algunos europarlamentarios españoles. «Pero… ¿y qué tiene eso de particular? En el Parlamento puede entrar cualquiera, siempre y cuando lo inviten, y hasta tomarse un café en la cafetería». Según esas fuentes, las escenificaciones de Puigdemont ni siquiera son consideradas como incómodas en el Europarlamento. En el peor de los casos, son consideradas como el peaje que la UE paga por albergar en su seno formaciones de ideologías extremas o lideradas por personajes esperpénticos, como Nigel Farage o el propio Puigdemont. 

«Pero si hasta los eslovenos están de uñas con los catalanes porque los utilizan de forma propagandística todo el día» dice nuestro interlocutor. «Los eslovenos están en otra película, están en su vía de integración en la UE y no quieren que los relacionen con el conflicto catalán ni de lejos. Otra cosa es que haya diputados individuales de partidos extremistas que se presten a ello por razones equis. Así que los únicos amigos reales que tienen en Europa son los flamencos y el Sinn Féin. Eso está muy claro».

Un show sin público

«Para shows» añade, «los que va a montar Nigel Farage. El martes, hasta Puigdemont y los suyos se quedaron sorprendidos. Porque estaban ahí montando su espectáculo y la gente pasaba de largo. Nadie sabe ni siquiera quiénes son. Por aquí, en realidad, se da por sentado que Puigdemont se va a convertir en el Julian Assange del Parlamento Europeo. De hecho, el martes se comentaba por los pasillos del Parlamento lo desaseado que iba, con el traje arrugado, despeinado…». 

Y entonces, ¿qué opciones le quedan a Carles Puigdemont? «Ponte en su lugar. La cuestión prejudicial en el Tribunal de Justicia Europeo no tiene recorrido. Eso no lo puede plantear su abogado, además. Lo tiene que hacer un juez español, algo que es prácticamente imposible. Pero es que el resto de países miembros, muchos de los cuales tienen una ley electoral muy similar a la nuestra, se van a oponer con total seguridad. Esto es pura ley nacional y el Parlamento Europeo no tiene nada que decir al respecto. Así que con eso no va a llegar ningún sitio».

La fecha clave es el 17 de junio, el día en que Puigdemont debería recoger su acta en Madrid. «Pero es que Puigdemont no va a ir a Madrid. ¿Cómo lo hará? ¿Subido a los hombros de Boye para no tocar suelo español? Está clarísimo que se va a quedar en Bélgica. No tiene otra. Y entonces hará los habituales aspavientos, se quejará y saldrá en los medios locales catalanes. Pero la lista correrá en JxCAT. Habrá otro que pueda acreditarse. Además, él podría ir al Parlamento en Bruselas, pero no irá jamás al Parlamento en Estrasburgo porque está en Francia, un país mucho más peligroso para él».

¿De presidente a asistente?

Otra cosa muy distinta es el tema del dinero. Porque ahí sí que Carles Puigdemont tiene un camino relativamente fácil. Uno que, a cambio, exigiría una humillación previa: convertirse en el asistente de algún eurodiputado separatista catalán. «Así, al menos, se aseguraría un sueldo» dicen nuestras fuentes. «Porque un asistente puede cobrar hasta 6.000 o 7.000 euros netos. También dispondría de acreditación para entrar y salir del Parlamento cuando quiera, y podría utilizar los despachos y las salas de reuniones».

Convertido en asistente, Puigdemont tendría ya una justificación de cara a sus seguidores para dejar la mansión de Waterloo, cuyo alquiler le está arruinando, y trasladarse a otro lugar de Bruselas más asequible. «Además, ¿para qué necesita esa mansión si él lo que quiere es pasearse por los pasillos del Parlamento y utilizar los recursos que se le pongan a su disposición? Lo que no podrá hacer es votar, hacer discursos en el pleno o presentar propuestas. Pero se garantizará cinco años de ingresos«.

Eso sí: el europarlamentario que contrate a Puigdemont será con toda seguridad uno de los dos de JxCAT. Y es que no parece que los de ERC vayan a estar por la labor. «El martes estaba Josep-Maria Terricabras [eurodiputado por ERC] por aquí. Y lo cierto es que ni se miraron. Con Jordi Solé [también eurodiputado por ERC] sí había algo más de conversación. Pero Terricabras ni se inmutó cuando vio a Puigdemont entrar en la cafetería».  

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