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Muguruza, del susto a la satisfacción

La hispano-venezolana estrena la pista Simone-Mathieu con una victoria contra Townsend, que planteó problemas de inicio: 5-7, 6-2 y 6-2, en 1h 59m. Se enfrentará en la segunda ronda a la sueca Larsson

“Es como un jardín, acogedora”.

Roland Garros estaba de estreno, y la puesta de largo estuvo a la altura. Era el primer partido en la nueva pista Simone Mathieu, preciosa construcción que le ha costado un litigio tras otro al torneo francés, rodeada de invernaderos y plantas de todos los colores, y Garbiñe Muguruza acompañó. Fue un debut puñetero, con un primer parcial muy áspero porque Taylor Townsend (23 años y 83 del mundo) propuso un sinfín de trucos, hasta que se le agotaron y fue entregándose para acabar cediendo por 5-7, 6-2 y 6-2, en 1h 59m.

La estadounidense, muy heterodoxa, sorprendió en el arranque con un compendio de tiros indescifrables, apurando el impacto hasta el último segundo. Así arañó el primer set, y así llegaron algunos sudores fríos, porque Muguruza no estaba fina (15 errores no forzados en la manga inicial) y la posibilidad de marcharse en una primera ronda era real y aterradora. Sin embargo, Garbiñe cambió el paso, contemporizó y capeó el temporal, y a Townsend se le empezó a extraviar ese drive tan yankee, muy duro, acelerado, enroscado.

“Ha sido un partido difícil, porque no conocía a esta jugadora”, explicó ante los enviados especiales españoles la 19 del mundo, citada con la sueca Johanna Larsson (6-3 y 6-4 a Magdalena Rybarikova) en la siguiente ronda. “Es diferente, muy zurda, así que al principio me ha costado. Me ha costado encontrarme bien, encontrar el modo de jugar… Y también están los nervios del primer día”, prolongó.

Mientras el público todavía admiraba las cristaleras de la Simone Mathieu, erigida en honor a la tenista que ganó un par de veces el torneo en los años treinta, Muguruza fue haciéndose con el mando y después del achuchón del principio le dio la vuelta a la situación. Comenzó mal, pero terminó muy bien. Las primeras rondas esconden infinidad de trampas y Townsend era una de ellas, pero la sorteó. Día a día y partido a partido, dice Garbiñe. Por lo tanto, satisfacción.

“Estoy contenta, porque no ha sido fácil”, resolvió la campeona de 2016, que previamente, durante el turno de preguntas en inglés, trazó el retrato robot de la potencial ganadora del grande francés: “Para ganar un Grand Slam hay que ser completa, no solo hacerlo bonito o tener buenos tiros. Es una combinación de tener el Factor X, porque a este nivel todo el mundo juega bien, pero solo unos pocos ganan. Hay que ser valiente y consistente, gestionar la presión… Es como un puzle”.

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