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Luis Garicano: “Voy a seguir dando la batalla dentro”

El sector crítico, diezmado tras la marcha de Roldán, queda representado en el jefe de filas en Europa

Lejos de asumir la derrota, aunque muy diezmado en sus efectivos, el sector crítico de Ciudadanos pretende mantener abierto internamente el debate que resquebrajó este lunes la ejecutiva del partido: la disyuntiva sobre la investidura de Pedro Sánchez y la negativa —muy mayoritaria— de la dirección de Albert Rivera a facilitarla. El ala socioliberal queda ahora representada principalmente en Luis Garicano, jefe de filas en Europa: “Yo voy a seguir dando la misma batalla desde dentro”, asegura el eurodiputado a .

Garicano pierde a su principal apoyo interno, Toni Roldán, su discípulo económico, a quien él introdujo en Ciudadanos, y que formaba parte de la dirección más nuclear del partido: la ejecutiva permanente, de 13 integrantes. Pero también a Javier Nart, eurodiputado y miembro de la dirección ampliada (de 36 miembros), por la dimisión de ambos. En su ánimo está seguir batallando internamente para que el partido reconsidere el no rotundo al pacto con el PSOE. “Nadie está aquí intentando blanquear a Pedro Sánchez”, asegura Garicano, “pero el hecho de que Sánchez esté cerrando puertas no justifica que Ciudadanos no haga lo imposible para tender puentes”.

Primera división

La votación en la ejecutiva refleja que Garicano tendrá muy difícil conseguir que se abran paso sus posiciones. El sector crítico subraya, sin embargo, que por primera vez han quedado claras las diferencias internas, plasmadas en una división en el voto. Todas las votaciones, hasta este lunes, se habían resuelto por unanimidad.

Garicano y Nart forzaron ese voto con una propuesta que pedía abrir una vía de diálogo con La Moncloa sobre la investidura. Los datos son demoledores: fue rechazada con 24 votos en contra, cuatro a favor —Francisco Igea y Fernando Maura, además de los propios Garicano y Nart— y tres abstenciones (Nacho Prendes, Marta Martín y Orlena de Miguel).

La corriente más progresista bebía principalmente de los puntales económicos —Garicano y Roldán— y de algunos de los dirigentes llegados desde UPyD. A la dimisión de Roldán y Nart se sumó también la del candidato de Ciudadanos en las elecciones autonómicas en Asturias, Juan Vázquez, que anunció el lunes su renuncia al escaño en el parlamento regional por las mismas discrepancias. El exsecretario de Programas de Cs en Murcia, Miguel López Bachero, que dejó ese cargo en septiembre por razones personales y familiares, comunicó el mismo día su baja total del partido.

El ala más progresista del partido, que siempre fue minoritaria, llevaba meses —desde el pacto en Andalucía con el PP, que depende de Vox— discutiendo internamente el giro a la derecha emprendido por Rivera tras la moción de censura. De esa derechización deriva el férreo veto al PSOE, al que también se oponen los críticos. En su contundente discurso de renuncia, Roldán argumentó el lunes que el giro a la derecha de Cs “desvirtúa” sus tres banderas originarias: el reformismo, la regeneración y la batalla contra el nacionalismo. El diputado defendió que esa estrategia ahonda en el frentismo y la polarización, no lucha con eficacia contra el nacionalismo ni construye un proyecto verdaderamente liberal por sus vínculos con la extrema derecha. “¿Cómo vamos a luchar contra la dinámica de confrontación de rojos y azules que vinimos a combatir si nos convertimos en azules?”, interpeló. “¿Cómo podemos construir un proyecto liberal en España si no somos capaces de confrontarnos a la extrema derecha?”, se preguntó.

El no a Sánchez es la clave de la sacudida experimentada este lunes en la cúpula del partido. “España tiene una oportunidad histórica para construir un Gobierno estable y liderar el progreso liberal en Europa en los próximos 20 años. Sería un grave error desperdiciar esta oportunidad”, dijo Roldán en referencia a un eventual acuerdo entre el PSOE y Cs, que sumaría 180 escaños. Ese pacto es ahora aún más difícil, con el sector crítico laminado y el liderazgo de Rivera cada vez más incontestado. 

Rivera, en fin, tiene las manos todavía más libres para mantener su criterio. E intenta a toda costa evitar el desgaste: de nuevo fue Inés Arrimadas quien por segunda vez dio la cara en lugar del líder tras una crisis y defendió el rumbo inamovible del partido. “Vamos a seguir aplicando el criterio aprobado por unanimidad en la Ejecutiva, también con el voto de Toni Roldán. Ha sido avalado por las urnas”, justificó. Rivera lo tiene claro: tan claro que este lunes trascendió que el líder de Cs declinó la semana pasada volver a reunirse con Pedro Sánchez para discutir sobre la investidura.

El debate en la ejecutiva fue maratoniano —duró cuatro horas— y bronco. Enfrentó a Garicano con la guardia pretoriana de Rivera en general y con Inés Arrimadas en particular: Arrimadas cerró filas con el líder de puertas adentro, y lo hizo después ante la prensa. El encontronazo subió de tono hasta el punto de que, según fuentes presentes en la reunión, Garicano le espetó que no le repitiera el argumentario del partido: “¡Esto no es un plató de televisión, Inés!”. La portavoz y el eurodiputado se enfrentaron también por la decisión sobre la investidura en el Ayuntamiento de Barcelona, en la que el partido decidió no apoyar a Ada Colau a pesar de que la otra posibilidad era hacer alcalde al independentista Ernest Maragall. “¡No insultes a mi inteligencia, había solo dos opciones!”, le espetó Garicano a la portavoz.

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