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Los hermanos hallados muertos en Valencia presentan signos de haber sido golpeados

La madre ha indicado el lugar donde estaban los niños, de cinco meses y tres años

Después de un largo interrogatorio plagado de incoherencias, la joven valenciana María Gombau condujo este jueves a los investigadores de la Guardia Civil al lugar donde se encontraban, enterrados, los cadáveres de sus dos hijos, un niño de tres años y medio y una niña de cinco meses, a los que un dispositivo policial que fue creciendo a lo largo del día hasta alcanzar los 110 agentes buscaba desde mediodía. Los cuerpos de los menores mostraban signos de haber sido golpeados, y esa parece, a falta de contar los resultados definitivos de la autopsia, la causa de la muerte.

Entrada la noche, el delegado del Gobierno en Valencia, Juan Carlos Fulgencio, explicó que los cadáveres “se hallaron separados a poca distancia de la casa: uno a 150 metros y a 75 metros el otro”. Una de las sepulturas improvisadas estaba dentro de la parcela donde vive la familia ilegalmente, y la otra cerca de su límite.

La mujer fue detenida como principal sospechosa de la muerte de los niños, mientras que su pareja, un hombre de nacionalidad belga, quedó retenido en el cuartel de la Guardia Civil de Moncada (Valencia) para determinar su participación en los hechos. Se le considera, al menos, autor de un delito de encubrimiento. Los servicios sociales de Godella se habían entrevistado esta semana con los progenitores, y habían abierto un expediente que podía acabar en retirada de custodia.

La investigación se inició con una estampa que hacía presagiar un desenlace trágico. La policía recibió el aviso de una vecina que había visto a la madre salir medio desnuda y con rastros de sangre en el cuerpo de la casa okupada donde vivía con su familia. Y a su pareja ir tras ella. Cuando los agentes llegaron al lugar encontraron al hombre, que fue llevado al cuartel de la Guardia Civil. De la mujer y de los niños todavía no había ni rastro.

Después de varias horas de búsqueda, a Gombau la encontraron escondida dentro de un bidón no muy lejos de su casa, situada en el límite entre Godella y Rocafort. Se trata de dos pueblos ubicados a 15 kilómetros al noroeste de Valencia que figuran entre los de mayor renta per cápita de la Comunidad Valenciana, gracias sobre todo a sus zonas residenciales formadas por grandes villas de Santa Barbará y Campolivar.

La joven, de 28 años, estaba en paro, pertenecía a una familia acomodada de Rocafort y desde joven había optado, según confirmaron diversas fuentes, por un estilo de vida alternativo. En 2012 participó intensamente en el conocido movimiento estudiantil de la Primavera Valenciana, inspirado en el 15-M. Fue detenida en un altercado y condenada a realizar trabajos para la comunidad en la biblioteca de Rocafort. Gombau sí había trabajado como limpiadora en Rocafort, a través de una bolsa de empleo del Ayuntamiento. Según consta en el boletín municipal, fue contratada como “peón de limpieza viaria” entre el 22 de diciembre de 2017 y el 21 de marzo de 2018.

Su pareja había trabajado como pinche en varios bares de la misma localidad. En uno de esos establecimientos le despidieron hace alrededor de un mes por su falta de puntualidad, según afirma el propietario.

Drogas y psiquiatras

El problema de Gombau, según algunas personas que la conocieron era el consumo de drogas. Tanto ella como su pareja sufrían problemas psiquiátricos, añadieron estas fuentes. En 2017, Gombau fue atendida en un centro de salud mental, señalaron fuentes municipales. Este jueves, durante el interrogatorio, repleto de contradicciones y sinsentidos, la mujer llegó a referirse a la posibilidad de resucitar a sus hijos e hizo alguna mención a los extraterrestres.

El padre de los niños, tras ser arrestado, contó a los interrogadores que su pareja había intentado ahogar a los hijos el miércoles por la noche en mitad de una fuerte discusión.

El niño, de tres años y medio, acudía al colegio público de Rocafort. Fuentes municipales aseguran que a mediados de febrero la madre telefoneó al centro y les comunicó que iban a cambiarlo de escuela porque su pareja había encontrado trabajo en otro lugar. En el centro le contestaron que un trámite así no se podía hacer por teléfono, sino que tenía que ser en persona, firmar los correspondientes documentos e informar del nuevo centro en que lo iban a matricular para trasladar el expediente, a pesar de que la escolarización no es obligatoria hasta los seis años. Las mismas fuentes aseguran que los padres no formalizaron dichas gestiones, pero tampoco volvieron a llevar a los niños al colegio.

Antes de instalarse en la casa de Rocafort en la que vivían, en una zona conocida como Camps d’Or por el dinero que en su día habían dado los naranjos que crecían en ellos, la pareja había vivido en Bélgica y habían ido a trabajar varias veces a la vendimia en el sur de Francia. Hace tres años, la pareja se interesó por las ayudas municipales de Rocafort para optar a una vivienda social, pero no llegaron a solicitarla.

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