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El Madrid de la casa rodante

Parte del pueblo madridista pide jugadores antes que un techo retráctil. No puedo estar más en desacuerdo. Un estadio así es lo que merece y necesita un club como el Madrid

Si el fútbol es un sentimiento… No podemos obviar a Iago Aspas, al que la felicidad le rebalsó en llanto al decidir un agónico partido frente al Villarreal. Era el hombre providencial que, después de una larga inactividad llegaba al rescate de un equipo que se había olvidado de jugar, de marcar goles, de ganar. El milagro que le exigían se complicó con dos goles del Villarreal. Pero este Messi de la clase media contagió su ilusión a una afición deprimida y, cuando asomó su singular clase, el equipo conectó todos los cables del juego colectivo. Sus dos goles fueron como un exorcismo para el clima endemoniado que provoca la amenaza del descenso. Y el llanto tras el triunfo reconcilió al fútbol con el orgullo de pertenencia de un hombre que siente lo que hace porque juega en el equipo con el que siempre soñó. Precisamente lo que el fútbol está olvidando. Para que lloremos todos.

Dos estilos y un loco. La Liga está atada por un hilo muy fino que este sábado se cortará si gana el Barça. Del triunfo del Atlético depende la emoción, producto de primera necesidad para que el fútbol no nos parezca lo que es: una ficción. Este sábado chocarán dos estilos. Uno da vueltas alrededor de la pelota y de ella depende para equilibrarse y desequilibrar. El otro maneja con astucia y paciencia los espacios al acecho de un error. Como hacemos trampa con las palabras, el Barça, que es el equipo “romántico”, ganó siete de las últimas 10 Ligas y le lleva ocho puntos al Atlético que, sin olvidar el enorme mérito de haber roto el duopolio, es el “pragmático”. Luego está Messi, un superhéroe o un virus letal según desde que lado se mire. Aquí no hay trampas: es un genio; esto significa que todo lo que hace queda fuera de nuestra capacidad de comprensión.

El escenario que merece. Como en el Real Madrid el hoy dejó de importar y solo se piensa en el mañana, las ruedas de prensa de Zidane son más relevantes que los partidos. Queremos saber su diagnóstico y hacia dónde apunta en el mercado, pero Zidane decidió respetar a los que están y no da ninguna pista. Como a la opinión pública hay que alimentarla, esta semana el club presentó el nuevo Bernabéu. Parte del pueblo madridista pide jugadores antes que un techo retráctil. No puedo estar más en desacuerdo. Me hizo recordar a aquel jugador que dudaba entre comprar un coche o una casa y lo resolvió comprando una casa rodante. Un estadio bellísimo, cómodo, rentable, cuya arquitectura le convertirá en un gran centro emocional de la ciudad, es lo que merece y necesita un club como el Madrid. Con Santiago Bernabéu, no lo olvidemos, primero se construyó el estadio y luego llegaron los grandes jugadores.

Cuando el fútbol mira hacia atrás. Racing salió campeón de Argentina en medio de una fiesta de alto voltaje sentimental. En Argentina el fútbol no sabe vivir sin exagerar, de manera que pareció normal que un hincha acudiera al partido con la calavera de su abuelo, desenterrada para la ocasión. Acto de amor hacia el fútbol (que lo admite todo) y hacia su abuelo (responsable de su amor a Racing). El fútbol es una expectativa siempre renovada (“recurrente y rotatoria”, decía el gran Sánchez Ferlosio) que no lleva a ninguna parte, pero conmueve su capacidad de establecer vínculos entre generaciones. Yo soy de Racing por parte de padre y, cuando un amigo me mandó imágenes del estadio enloquecido, lo primero que pensé fue: “Mi padre estaría feliz”. Lo insólito es que mi padre murió hace 60 años, cuando yo solo tenía cuatro. Como para tomarme a broma al tipo de la calavera.

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