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El Ejido, territorio Vox

Con 84.700 habitantes (el 30% inmigrantes), la ciudad almeriense es la más poblada en la que ganó las elecciones generales el partido ultranacionalista

Hubo un tiempo en que la gira de los Rolling Stones por España recalaba en Madrid, Barcelona, San Sebastián y El Ejido; cuando el Poli Ejido jugaba en la Segunda División de La Liga y El Corte Inglés elegía esta ciudad del Poniente almeriense, epicentro de un océano de plástico, para levantar su único centro en la provincia.

De eso hace más de una década. El reinado de Juan Enciso, el alcalde que desafió al PP y siguió en el cargo tras fundar su propio partido, acabó hundido en una ciénaga de corrupción y dejó una pesada herencia: 180 millones de deuda municipal. La Torre Laguna, que iba a ser el rascacielos más alto de Andalucía, se yergue como un monumento fantasmagórico a la burbuja inmobiliaria, con sus 27 plantas vacías.

También parecían arrumbados en el baúl de la historia episodios de violencia como los que, en febrero de 2000, asociaron el nombre de El Ejido a la xenofobia: después de tres asesinatos en solo dos semanas, una turba se lanzó a la “caza del moro”, incendiando comercios y viviendas. En septiembre de 2017, cuando fueron agredidos varios adolescentes y se resucitó el fantasma del conflicto racial, casi un millar de vecinos se concentraron en la Plaza Mayor para pedir concordia. Algo había cambiado. O no.

Mariano Ripoll, coordinador local de Cepaim, una fundación que trabaja por la integración de los colectivos en riesgo de exclusión, aún no se explica que Vox lograra en El Ejido el 29% de los votos en las elecciones andaluzas de diciembre y subiera al 30% (2.000 votos más) el 28 de abril. Ni siquiera José María Aznar, al que el PP llevó en campaña para intentar frenar el batacazo, pudo evitarlo. El Ejido podría convertirse así en la ciudad más poblada de España (84.700 habitantes) gobernada por el partido ultranacionalista a partir del 26 de mayo.

“Es la inmigración, claro”, reconoce José Miguel Alarcón, candidato del PSOE a la Alcaldía. En El Ejido están empadronados 26.200 extranjeros (el 30% de la población) y más de la mitad (16.500) son marroquíes. A eso hay que sumar los irregulares, de los que obviamente no hay cifras, pero que Cepaim estima en unos 6.000. “Ya no llegan en grupos de 40 o 50, como antes”, explica Ripoll. “Ahora vienen con cuenta gotas, y la mayoría de paso hacia otras partes de España o Europa. El Ejido ya no es un centro de atracción”. La explosión de los invernaderos (14.000 hectáreas en el municipio) ha tocado techo. No hay agua ni tierra para más.

Hasta los más hostiles reconocen que los inmigrantes no quitan puestos de trabajo a los españoles (la tasa de paro ronda el 12%, casi 10 puntos menos de la media andaluza). Al contrario, muchas veces escasea ese oro negro que es la mano de obra barata para los invernaderos.

El caldo de cultivo de Vox es la inseguridad. “El Ejido es un polvorín y, como no se arregle, volverá a saltar la chispa. Solo que igual son ellos los que ahora vienen a por nosotros, porque son muchos más que en 2000”, advierte Francisco Palenzuela, afiliado de Vox.

Los datos no avalan su tremendismo. Según el Ministerio del Interior, la tase de criminalidad en El Ejido es inferior a la media nacional en robos con violencia e intimidación, similar en violaciones y algo superior en homicidios y asesinatos, los tres delitos que más alarma social provocan.

Pero el miedo no entiende de estadísticas. Muchos vecinos de origen peninsular han desertado del casco urbano de El Ejido y se han mudado a Almerimar, una urbanización turística reconvertida en barrio residencial; mientras, la céntrica calle Manolo Escobar -cuyo “Y Viva España” suena en todos los mítines de Vox- se ha llenado de comercios con rótulos en árabe y pisos con carteles de “se vende” en español. En todo el casco urbano no se ve una sola grúa, a pesar de que abundan los solares y faltan viviendas de alquiler.

El partido de Santiago Abascal conseguido más del 40% de los votos en Almerimar, que apenas tiene presión migratoria, mientras que el PSOE se ha alzado con la victoria en El Ejido centro, donde el roce entre españoles e inmigrantes es cotidiano. El barrio de Las Norias va camino de convertirse en un gueto: el 60% de sus 10.000 habitantes son extranjeros.

“Desde el Ayuntamiento no se ha hecho lo que se debía para fomentar la integración”, asegura Alarcón, que incluye en su programa la creación de un Consejo Municipal para la Inmigración, frente a la Concejalía de Seguridad Ciudadana que propone Vox. El concejal socialista admite que el colapso de las urgencias hospitalarias o el hecho de que los inmigrantes acaparen las ayudas sociales (no por ser inmigrantes, sino por ser más pobres) ha alimentado el recelo e insiste en la necesidad de ampliar estos servicios para que nadie se sienta postergado.

El Ejido ha perdido 4.000 habitantes en los dos últimos años. Su alcalde, Francisco Góngora, del PP, lo atribuye al mayor rigor del Ayuntamiento, que ya no permite empadronarse en lugares que no reúnan condiciones de habitabilidad ni concede los informes de arraigo (necesarios para el reagrupamiento familiar) “a la ligera, como antes”. Arrinconado por el empuje de Vox, Góngora ha asumido gran parte su lenguaje, mientras llama a “no hacer experimentos” entregando la Alcaldía a un partido que carece de experiencia de gobierno y promete que, ahora que el PP manda en la Junta, El Ejido se beneficiará de su sintonía política con Sevilla.

Pero Góngora puede tener los días contados, incluso si el PP gana las elecciones. El alcalde está pendiente de sentarse en el banquillo acusado de los delitos de fraude fiscal y falsedad de documento, por los que el fiscal le pide cuatro años de cárcel, y ni Vox ni Ciudadanos están dispuestos a renovarle el bastón de mando. El precio a pagar por el PP para seguir gobernando sería sustituirlo por su número dos, Ángel Escobar, vicepresidente de la Diputación.

La alternativa es Vox, que aspira a trasladar al Ayuntamiento el resultado de las generales y convertir El Ejido en el laboratorio donde demostrar la eficacia de las recetas que predica a nivel nacional.

La decisión está en manos de los ejidenses, aunque no de todos. En este pueblo no son todos los vecinos los que eligen a su alcalde. Solo 47.400 de los 84.700 residentes tienen derecho al voto. Descontados los menores de edad, casi 20.000 carecen de derechos ciudadanos. “Nuestro objetivo es convertir a los habitantes de El Ejido en vecinos, pero queda mucho por hacer; este es un pueblo en construcción”, confiesa Ripoll.

En realidad, la inmensa mayoría de los vecinos de El Ejido son inmigrantes, incluidos tres de cada cuatro españoles. La primera oleada vino de Las Alpujarras y otros pueblos andaluces, La segunda llegó desde el otro lado del Estrecho.

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