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Dirigentes de PSOE, PP y Cs abogan por un pacto de Estado sobre Cataluña, Navarra y la investidura

Pablo Casado, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias, antes del debate en RTVE

Las cúpulas descartan la posibilidad, pero crece el apoyo entre las bases ante las alternativas: independentistas o nuevas elecciones. 

La aritmética es tozuda. Pedro Sánchez sólo podrá ser investido gracias a Unidas Podemos y la colaboración de partidos independentistas o con la abstención de dos de los cuatro grandes grupos del Congreso de los Diputados. O una de esas dos opciones, o nuevas elecciones. 

Las cuentas no pasan desapercibidas para las cúpulas de PSOE, PP, Ciudadanos y Unidas Podemos, pero la ausencia de un horizonte para la investidura, que aún no tiene fecha en el calendario, hace que todos ellos mantengan posiciones de máximos. Incluso aunque mantenerlas condujera estrepitosamente a una repetición electoral en otoño que todos dicen rechazar. 

En medio de ese contexto, movimientos de base y algunos dirigentes en los partidos comienzan a expresarse con cada vez menos temor en favor de un acuerdo entre el PSOE, PP y Ciudadanos para evitar un nuevo bloqueo institucional similar al de 2016. Los papeles han cambiado. Ahora es Sánchez quien, como Mariano Rajoy entonces, pide altura de miras y sentido de Estado a la oposición para permitirle gobernar. Ciudadanos, que entonces defendía un pacto transversal a tres, lo rechaza aunque eso aboque a los socialistas a recurrir a Pablo Iglesias y los independentistas. El PP se propone «dificultar» la investidura y no devolver el favor a los socialistas ante el riesgo de que en las filas populares surja un movimiento «no es no» como el que emergió en el PSOE.

«Lo que la gente nos pide es que pactemos», explica un diputado socialista. «Y lo ideal es que PP y Ciudadanos nos dejasen gobernar aunque sea a cambio de algo que les permita justificar la abstención ante su electorado», explica. 

«Con un pacto entre el PSOE y Ciudadanos se resolverían todos nuestros problemas», explican fuentes cercanas a un barón regional del PSOE. «No podemos reclamar que no haya vetos y exigir al mismo tiempo que nos apoyen gratis, sin pactar», en palabras de un alcalde socialista. 

Navarra, la luz verde o el ‘game over’

El acuerdo podría pasar por Navarra. Pero no necesariamente por Unión del Pueblo Navarro (UPN). El líder del partido, Javier Esparza, sugirió hace dos semanas la abstención de sus dos diputados en el Congreso en la investidura de Sánchez si el PSN le permite gobernar la comunidad foral y el Ayuntamiento. De momento, el Ayuntamiento ya es de Navarra Suma, la coalición de UPN, PP y Ciudadanos. Pero no ocurrirá lo mismo con la Mesa del Parlamento de Navarra, que se constituye este miércoles. 

En ese sentido, que Navarra Suma gobernase en la comunidad no sólo podría activar a los dos diputados de UPN en favor de Sánchez sino que podrían servir para que Ciudadanos y el PP se planteasen no bloquear al líder socialista. Lo que muy probablemente bloquearía una investidura constitucionalista de Sánchez sería que el PSN, apoyado en Geroa Bai y EH Bildu, desplazase a la fuerza más votada y se hiciese con la presidencia foral. 

Pero el PP y Ciudadanos podrían poner sobre la mesa otras demandas, como mantener la línea en Cataluña y no permitir indultos a los procesados ante el Supremo en caso de que sean condenados. Importantes barones del PSOE, como Emiliano García-Page (Castilla-La Mancha), Javier Lambán (Aragón) y Guillermo Fernández Vara (Extremadura) rechazan de plano los indultos y, además, no creen que haya que vetar a Ciudadanos, un socio potencial para los Presupuestos. La suma de los diputados que controla Sánchez y Albert Rivera suman mayoría absoluta. 

«Si no queremos a los independentistas y no queremos elecciones, en algún momento habrá que plantearse alternativas», explica un dirigente regional del PSOE. «Pero es Rivera el que no quiere. Sólo quiere liderar la oposición y le da igual todo lo demás», lamentan, descargando en el líder naranja toda responsabilidad. 

Este pacto para una abstención con condiciones es descartado formalmente por las cúpulas de PSOE, PP y Ciudadanos. Pero encuentra cada vez más apoyos en sectores de las bases, diputados rasos y dirigentes regionales que creen que no se puede hacer depender la investidura de los partidos independentistas. 

Cs, entre el alma conservadora y la progresista

El ala progresista de Ciudadanos fue acallada por Rivera mediante un remedio infalible en política: un gran resultado electoral. Los 57 escaños y el descalabro del PP permitieron al candidato liberal poner sobre la mesa que el veto a Sánchez les hacía crecer.

Quienes entonces transigieron, alzan ahora la voz por dos motivos: las autonómicas y municipales han apuntalado el poder territorial del PP y una abstención naranja libraría al Gobierno central de populismos y nacionalismos. Una premisa que sostuvo el nacimiento del partido.

Según ha testado este periódico, varios dirigentes de Ciudadanos lamentan que Rivera haya decidido calificar al PP como «socio preferente» en detrimento del PSOE. Así se lo hizo saber, por ejemplo, Javier Nart en una de las últimas grandes Ejecutivas. Con Navarra en el espejo, Rivera exige a Sánchez que deje gobernar allí a la lista constitucionalista más votada. Lo mismo que el PSOE le pide a él en el Congreso.

El presidente de Cs insiste en que el argumento no funciona a la inversa, pero algunos de sus compañeros no ven diferencias y aceptarían explorar un gran pacto.

El PP no plantea poner impedimentos

En el PP las cosas no son demasiado diferentes. Oficialmente, no se plantea ningún tipo de facilidad en la investidura -ni por activa ni por pasiva-, aunque hay voces que no verían con malos ojos ese ligero sacrificio que supondría una abstención con tal de hacerlo «por España», tal y como admiten algunos populares en privado.

Porque en público ya han aprendido la lección, una vez que dirigentes como Isabel Díaz Ayuso o Esperanza Aguirre se manifestaran en esa línea para acabar desautorizadas por Génova.

Pero si hay un mensaje constante en el partido desde el 28-A es que no se van a poner impedimentos a Sánchez. No protestarán ni le echarán en cara a Ciudadanos si finalmente se obtienen «durante los próximos cuatro años, nos comprometemos», admiten desde el círculo del presidente del partido, Pablo Casado. Tampoco lo harán a otros grupos regionalistas con los que van de la mano, sea UPN o Coalición Canaria.

Desde la dirección nacional, eso sí, no quieren ni oír hablar. «Pasapalabra», comentan. Pero mano tendida a Sánchez en lo que respecta a Cataluña o Navarra, región que consideran «el laboratorio de los independentistas».

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